Reportaje con Manuel Navarro en la Maestranza I MARCOS SANCHIDRIÁNlinea-punteada-firma1

MARCOS SANCHIDRIÁN > Sevillalinea-pie-fotos-noticias

Manuel Navarro, o Navarro a secas, es una de las personalidades que más enjundia y solera tiene en la Maestranza de Sevilla. Hace treinta y cinco años comenzó a trabajar en las puertas de la plaza como tradición familiar. Cuenta que su bisabuelo fue el torilero de la Monumental de Gallito y con su cierre se lo trajeron al portón del Paseo de Colón. Ahí empezó la tradición generacional de los Navarro.

Navarro es un hombre querido. Así lo demuestra el trato por parte de sus compañeros y de los propios toreros que aprovechan su llegada al patio de caballos para saludar a su amigo, el del cerrojazo. Porque esa es su puerta y el cerrojo que más se abre cada tarde en la plaza, su artilugio. ‘Es un cerrojo con arte. Yo podría abrir la puerta así (y hace el movimiento suave) pero sonaría un poquito fino. Nosotros somos más toreros y queremos que en el patio de caballos también se sientan toreros con el cerrojazo’, explica Navarro.

Navarro junto a su compadre Victoriano I EVA MARTÍNlinea-punteada-firma1

Pañuelo blanco. Cerrojo. Y la banda del Maestro Tejera comienza a tocar el pasodoble Plaza de la Maestranza. Este es el orden que cada día durante las últimas décadas sigue la tradición en Sevilla. Se abre el portón, Navarro sale hacia la derecha y Victoriano, su compadre, a la izquierda. Son los primeros que pisan el albero cada tarde y eso les llena de responsabilidad y de orgullo.

‘Creo que somos de los poquitos que si nos quitan el sueldo, seguiríamos viniendo. Es nuestra vida’.

Detalle del cerrojo más popular del toreo I EVA MARTÍNlinea-punteada-firma1

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